La carta de Hogwarts que nunca llegó
De pequeño me hice una promesa: si alguna vez aparecía la más mínima oportunidad de estudiar en Hogwarts, no la dejaría escapar. La carta, evidentemente, no llegó nunca.
Tardé unos años en entender que la magia sí existe, solo que se escribe distinto. Alguien con un ordenador prestado y suficiente cabezonería puede montar algo que use gente al otro lado del mundo, sin pedirle permiso a nadie. Es lo más parecido a un hechizo que hemos inventado.
Esa es, en el fondo, la única razón por la que sigo aquí tantos años después: me sigue pareciendo magia.
